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Durante el recorrido histórico del municipio de Campoalegre es fundamental concebir el folclor como ingrediente principal de las costumbres, al compás de los cantares de la gente; la música tradicional, folclórica y festiva, es una extensión más del ramillete de riquezas culturas que posee el municipio.
 
En Campoalegre se viven profundamente las festividades del San Juan y San Pedro, pero sobre todo el festival y reinado municipal y departamental del arroz.
 
Es en el mes de agosto cuando se sienten los encuentros culturales de danza, concurso coplas, comparsas y carrozas en los diferentes desfiles folclóricos y culturales, desde 1964, cuando se realizó el Primer Festival y Reinado Departamental del arroz.
 
Festival Folclórico y Reinado Departamental del Arroz
 
El lugar donde se celebra el Festival Folclórico y Reinado Departamental el Arroz, es el mismo “Llano Grande tierra bonita donde todo es libertad”; parece una inmensa puerta abierta por donde se entra al Huila; es una de las provincias más queridas porque está casi en el corazón de la patria; para el Departamento constituye un tesoro pro su riqueza agropecuaria y especialmente arrocera y no obstante su progreso, conserva rasgos culturales que son patrimonio nacional. Impresiona de la fiesta cómo propios y extraños propician vínculos de unidad simplemente porque unos y otros han decidido coincidir en el mismo regocijo. Se fortalece aquí el concepto de identidad implícito en el festival del arroz porque es una celebración que se compone de valores diversos surgidos y preservados al interior del mismo pueblo; fácilmente puede descubrirse el sentido de la celebración y penetrar en ella para compartir su sentir, su riqueza y su tradición manifiesta en la música y la danza que son una mezcla de todo lo que se ha forjado en el tiempo.
 
Otro elemento valioso y muy visible en los desfiles del festival, son las figuras míticas: el taitapuro, el mohán, la madremonte, la patasola, la candileja y otras que rememoran creencias provenientes de épocas lejanas y que aún se conservan en la memoria del campesino que es quien recorre en forma cotidiana los lugares donde regularmente se supone que habitan. El río, el monte y la llanura son algo así como la casa donde se han preservado éstas creencias.
 
Siguen a los mitos, los matachines, los grupos de danzas y las comparsas que hacen el acompañamiento y dan colorido a la fiesta.
 
Pero uno de los puntos centrales del Festival Folclórico y Reinado del Arroz, es la celebración del reinado popular. Lindas representantes de los barrios y veredas embelezan con su encanto seductor a quienes allí se congregan a participar de la tradicional fiesta. En las reinas se personifica no solo la belleza y la alegría sino la magia fascinante de una celebración plena de goce donde el varón expresa con toda su efusividad su sentir.
 
¿Cómo no acompañar a la reina del barrio durante el festival, si es ella la digna y dulce imagen de ese pequeño entorno donde transcurrió la infancia, floreció la juventud, germinó el amor y la vida se proyectó como realización? La reina es entonces, el símbolo en su esencia, más puro de la fiesta. Hacia ella confluyen las miradas y el cariño; es ella la razón por la cual se hacen a un lado las penas para abrirle las puertas al optimismo, a la seguridad, al deseo de vivir y de gozar a plenitud la vida.
 
El desfile como tal, está engalanado de alegría popular de música y de carrozas cuidadosamente adornadas. En ella se incorporan los frutos de la tierra, la maquinaria para el proceso del arroz y el colorido natural de la llanura, la imaginación y la sencillez alejada de pretensiones artificiosas.
 
El pueblo entero se vincula al desfile y marcha en medio del ruido ensordecedor de la pólvora; los jinetes en sus cabalgaduras en completo entusiasmo por las calles, dan mayor vistosidad a las fiestas. Y así, en ésta especie de fantasía callejera continúa el festival del arroz proyectando su vigencia tradicional.
 
Nuevamente pro la tarde, la plaza improvisada se llena para la cita del toreo. Así la describe Luis Eduardo Cortés Ortiz: “rústica pero sencillamente bella. Este coso es testigo de amores, gritos y furruscas. Por su arena han pasado los mocetones o toreadores en tardes como éstas…”
 
De otro lado, no falta en el festival del arroz el apetitoso asado o lechona, los tamales, las rellenas, los chicharrones, las papas saladas, la yuca sudada, el sancocho de gallina y de pescado y otras comidas típicas de la llanura.
 
El momento culminante del festival y reinado departamental del arroz es la elección y coronación de la mujer más linda participante, la que con sus encantos, su sencillez, su destreza en el baile, sus conocimientos sobre arroz y su simpatía se ha ganado el corazón de los campoalegrunos y turistas. Todos los argumentos de dicha celebración parecieran sintentizarse en un solo instante. Se podría fácilmente recordar el comienzo de lo que ha sido ésta fiesta, por los elementos tradicionales que conserva con el paso de los años.
 
Hay en el festival del arroz una parte importante de lo que es el sentir huilense. Aunque haya tomado por cuna a Campoalegre, allí se meció en el arrullo del aire propio de esa tierra caliente; creció en medio de bambucos, sanjuaneros y rajaleñas; floreció entre matarratones, guácimos, tamarindos, mamoncillos y ciruelos; se desplazó con ritmos cadenciosos por caminos y veredas; fue a todos los hogares campesinos y también a los del pueblo, conoció al detalle sus costumbres e impregnó con su hálito a niños, jóvenes y viejos; finalmente palpitó en cada corazón y se aferró el sentimiento como legado anónimo decantado por el tiempo.
 
Ese es el festival del arroz que entrega Campoalegre cada año en dádiva al Huila, a Colombia y al extranjero. Es la ofrenda, la gracia, el regalo, el presente, el obsequio de las gentes nacidas allá en Llano Grande; el pueblo de mil amores; el hogar donde los viejos forjaron una de las regiones más ricas del país.
 
El San Juan también cobra fuerza como fiesta tradicional en el mes de junio, especialmente durante los días 23 (vísperas) y 24 (día principal) tiempo en que “los grullos” (aves migratorias) hacen su aparición en los campos del Gran Tolima despertando el júbilo de sus habitantes que anuncian llenos de júbilo “San Juan, San Juan, San Juan” al tiempo que se desempolvan los tiples, guitarras y tamboras para iniciar la danza y llevar la alegría por doquier.
 
La iglesia católica celebra también la Fiesta Patronal. Es así como el 2 de febrero se celebran las fiestas patronales siendo la virgen de La Candelaria la homenajeada. La Semana Santa igualmente tiene gran significación lo mismo que la exaltación del día de la virgen del Carmen, el 16 de julio.

FESTIVIDADES

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